Aventura nº...

AVENTURA Nº 2: RUTA DE LOS CABOS 2012

lunes, 22 de agosto de 2011

ESTAMOS DE VUELTA

29 días de viaje y 14.866 km después, llegamos a Ulán Bator. Fue el viernes 19 de agosto por la tarde.

Tuvimos tiempo el sábado por la mañana de hacer entrega del material escolar y médico que llevábamos para el Blue Sky Ger Village de la fundación de Christina Noble (una especie de "Ciudad de los Muchachos" donde recuperan a niños de la calle); y el domingo la odisea de saltar de avión en avión, improvisando en Berlín y no sabemos si con nuestro equipaje en Palma de Mallorca, para volver a casa.

Pero lo contaremos en breve con más detalle, en cuanto hayamos actualizado el resto de etapas.

Mientras tanto, muchas gracias a todos por vuestro apoyo y vuestros ánimos (¡¡contaremos más cosas durante esta semana!!).

domingo, 31 de julio de 2011

DÍA 9: MAÇKA - DOGUBEYAZIT


31 de julio de 2001
1 país: Turquía (acumulados 11)
9 túneles (acumulados 134)
594 km (acumulados 5.979 km)

Si ayer de madrugada lo que me despertó a las 5 fue un bostezo de Pau en plan grito desesperado, esta mañana ha sido un cuervo solitario graznando desde una antena parabólica. Era una escena muy "edgaralanpoiana", con la niebla rodeándolo todo, el cuervo graznando y el rumor del río y el bosque. Son sensaciones y paisajes difíciles de describir y que las fotos y vídeos no pueden captar, así que hay momentos en los que decidimos dejar las cámaras a un lado (aunque no os lo creáis cuando veáis todo el que estamos tomando) y quedarnos las sensaciones sólo para nuestro disfrute, porque es un disfrute ver estos paisajes: las montañas verdes cayendo a plomo desde las nubes sobre el mar, los valles brumosos, el chirimiri refrescante cayendo sobre nosotros durante el paseo nocturno por Maçka...

Las vistas desde nuestra habitación


Hoy, esas sensaciones difícilmente registrables las hemos vivido subiendo al Monasterio de Sumela por un desfiladero angosto que se ha terminado por convertir en una carreterilla de curvas imposibles que apenas se podían subir en primero (se nos ha calado Merceditas un par de veces porque le agobiaban esas apreturas).

Una vez que hemos llegado al monasterio, y viendo que además de haber pagado por acceder al Parque Nacional también había que pagar para entrar al edificio, nos hemos dado media vuelta porque se nos estaba haciendo tarde para intentar llegar hoy a la frontera iraní y cruzar con otros equipos españoles que están también a una jornada de allí. Al menos hemos tenido nuestros minutos de caminar entre paisajes espectaculares por la montaña tras el desayuno (por cierto, hasta ahora seguimos desoyendo nuestros propios consejos de no comer verduras frescas, porque siempre ponen ensaladitas muy apetecibles en todas partes, que ayudan a hacer pasar los kebaps y demás platos pesados que hay siempre para comer).

¿En serio quieres que me tome todo esto para desayunar?





Tras la subida y bajada del monasterio de Sumela (las caladas del coche, cambios de sentido en la carreterilla por no estar muy seguros dónde íbamos), hemos salido a las 10 de la mañana hacia el sur, para intentar llegar a Erzurum a la hora de la comida, a ver si allí podemos cambiar algo de dinero porque no tenemos suficiente para un hotel. En ese momento hemos sabido que los ekitcat están ya en esa ciudad. También sabíamos que los Aventoreros llegan esta noche a la frontera y que los Chispa de la Vida llegan hoy a Trabzon para coger el ferry a Sochi en Rusia.

Y por fin esta mañana, cuando hemos dejado atrás las brumas del mar Negro es cuando por primera vez nos ha parado la policía. Pensábamos que nos clavarían alguna multa por exceso de velocidad, pero tras una conversación en la que lo único que entendíamos del poli era "ambulans" (imaginamos que querría era ver los papeles) y en la que le hemos enseñado nuestra bola del mundo del salpicadero con nuestro origen y destino, ha preferido no calentarse la cabeza y dejarnos marchar.

La bola del mundo nos ha salvado de nuestra primera multa.


A las 12 hemos parado a echar gasoil en Bayburt, y en la gasolinea nos hemos encontrado con el equipo inglés The Wrong Way, con un Nissan Micra. Nos han dicho que en el restaurante de la gasolinera se comía bien, pero les hemos replicado que somos españoles y comemos a las dos, por lo que nos esperaríamos a llegar a Erzurum. Mientras repostábamos hemos charlado con unos lugareños, uno de los cuales sabía algo de inglés, y que además de traducir a los trabajadores de la gasolinera qué estábamos haciendo, nos ha preguntado si se decía "Buenos días" o "Bon dia" (el tipo era chófer y cuando estaba en España decía que cada vez le saludaban de una forma diferente) y además nos ha advertido de que unos 20 km después de Bayburt la carretera se ponía muy mala.
Y así ha sido. Hoy no hemos tenido la suerte de días anteriores y en general la carretera estaba en peor estado, con menos tramos de calzada doble, y éstos además con el firme en muy malas condiciones (incluyendo gravilla que saltaba a nuestro parabrisas cuando alguien nos adelantaba), por no hablar de los dos o tres puertos de montaña que hemos subido (más de 2.500 m alguno de ellos) haciendo subir la temperatura del agua del radiador de nuestra Merceditas (con el calorazo que hace y el aire acondicionado y el resto de aparataje eléctrico puesto a veces la temperatura subía más de la cuenta: a quitar el aire y bajar ventanillas).

El famoso puerto de Geçidi...


El contraste de paisajes en el día de hoy ha sido brutal: de las laderas septentrionales de los montes que caen sobre el mar Negro, y su vegetación apabullante, a las laderas del lado de solana del centro del país, con tierras por encima de los 1.000 m (ahora en Dogubeyazit estamos a unos 1.600 m de altura) sin apenas vegetación aparte de los pastos.

Pau reflexionando sobre el paisaje.


Además, hemos llegado a un país completamente diferente: más pobre y rural que no tiene nada que ver con las rutas turísticas y transitadas del lado noroccidental.

Según la hoja de ruta el destino era Agri, pero como a pesar de lo dicho anteriormente las carreteras estaban mejor de lo que hace unos meses vio Reche en el Google Earth, hemos seguido hacia Dogubeyazit para intentar pasar la frontera lo antes posible. Tenemos a los Aventoreros unos 200 km detrás nuestro y a los Xino Xano y ekitcat unos 300 km por delante. Los Estepa Kide están casi con a una jornada de retraso con respecto a nosotros (aún no sabemos nada de los visados de Turkmenistán).

Movimiento de tropas del ejército turco hacia la frontera con Irán.


En Dogubeyazit, a pesar de la vuelta que hemos dado por el centro del pueblo buscando hotel, hemos terminado por quedarnos en el primero que vimos a las afueras, el Golden Hill. Caro para los estándares de aquí (90 € la habitación triple) pero bastante amplio y cómodo, más bien una suite en vez de habitación. Hoy hemos comido los tres, muy bien, por 20 €, anoche cenamos por 16... (así que lo del hotel de hoy es una licencia que nos podemos permitir antes de pasar de Irán).

Hemos cenado con una botella de Marina Alta (era un regalo para una turca que nos debía enseñar Estambul pero con la que finalmente no pudimos contactar) y Nuria ha hecho pruebas con la ropa que deberá vestir a partir de mañana en Irán. A ver qué tal se nos da la travesía por la República Islámica (quizá una vez que crucemos hagamos tiempo viendo los monasterios armenios de Azerbayán Occidental para esperar a los tres coches de los Aventoreros, y hacemos parte del recorrido por este país con ellos).

sábado, 30 de julio de 2011

DÍA 8: MERZIFON - MAÇKA


30 de julio de 2001
1 país: Turquía (acumulados 11)
12 túneles (acumulados 125)
463 km (acumulados 5.385 km)

La rakija en exceso produce resaca. Y despertarse con un calor horrible y resaca es una experiencia que teníamos que experimentar (hemos de terminar con todo el alcohol que llevamos antes de entrar a Irán).
Así hemos amanecido...
Otra reflexión de estos días es que somos un poco "listos" y llevamos ya tres días en un país en el que el nivel de inglés es subterráneo más allá de Estambul y sin embargo no hemos traído nada para intentar facilitar la comunicación con los lugareños: ni siquiera "hola", "buenos días" o "agua". Reche lo había preparado, pero como siempre es un papel que se ha quedado olvidado en el ordenador. Irene nos lo ha enviado y esperamos que mañana, el último día en Turquía nos sea más fácil comunicarnos. Aún así ha sido divertido: como el tipo que lava los coches en los aparcamientos de los moteles y restaurantes de carretera (una gran costumbre de este país, que el primer día ya hizo que Reche se diera cuenta de que los camiones iban muy limpios) que nos preguntaba esta mañana si queríamos que nos la limpiara y nosotros interpretábamos que quería saber si íbamos a desayunar...
Típico desayuno turco
Afortunadamente las carreteras están mejor que lo que se ve en las fotos del Google Earth y está casi toda Turquía en obras rehaciendo sus carreteras, con muchos tramos con dos carriles por sentido, a medio camino entre la carretera convencional y la autopista, lo que nos ha permitido avanzar mucho más rápido de lo previsto en la hoja de ruta.

Señoras disfrutando de un día de playa en el mar Negro.
 
 Baño en el mar Negro

Hoy hemos cumplido un par de hitos del viaje: bañarnos en el mar Negro y llegar a Trebisonda (Trabzon), donde desembarcó Ruy González de Clavijo. La carretera estaba bastante bien, y salvo algunas travesías hemos llegado con tiempo de sobra a Trabzon, destino de hoy según la hoja de ruta.
A las dos hemos parado en Giresun a bañarnos y comer en la playa. Tras dar varias vueltas para encontrar el sitio donde aparcar y bañarnos, hemos tenido nuestro rato playero. Había bastante gente en las playas, pero mujeres jóvenes pocas, o muy tapadas. Sigue pesando el tema religioso y cultural en el tema de la mujer (aunque desde luego no es el nivel de Marruecos). En la comida hemos terminado el jamón de los de La Chispa de la Vida: hay que agradecerles ese trocito que nos dejaron.
Nos ha dado tiempo luego para llegar a Trabzon y tomarnos un té en un kiosco en el paseo marítimo: nuestros problemas con el idioma han seguido.

 
Paseo marítimo de Trebisonda / Trabzon.

Como eran las 6:30 de la tarde, hemos decidido seguir al menos una hora más hacia Erzurum, para adelantar camino, aunque al llegar a Maçka, a 24 km al sur, hemos visto las indicaciones del Monasterio de Sumela, por lo que hemos triunfado encontrando un buen hotel, y barato en la calle principal de Maçka. Mañana a primera hora iremos al Monasterio en plan turisteo rápido.
El valle por el que se llega desde Trabzon a Maçka parece pirenaico (bueno, toda la costa del norte de Turquía es de una densidad forestal asombrosa), con las montañas cayendo a plomo sobre el mar; con las nubes tapando las cumbres y una humedad abochornante. Esta noche la cena nos ha costado unos 5 € el total de los tres, ya empezamos a encontrar cosas baratas (el motel cutre de ayer unos 12 € por cabeza y el bueno de esta noche por 18 € por cabeza, con desayuno y wifi).
Al anochecer, la humedad no ha aguantado más y se ha convertido en un chirimiri constante que nos ha refrescado mientras paseábamos por el pueblo hacia el baile de una boda (se agradece, porque la saturación total de humedad es agobiante).
Ahora en el hotel, entra algo de fresco por la ventana y se escucha el ruido que hace el bosque al moverse con el viento: hoy dormiremos muy tranquilos, y sin resaca mañana.

DÍA 7: ESTAMBUL - MERZIFON

29 de julio de 2001


1 país: Turquía (acumulados 11)

5 túneles (acumulados 113)

687 km (acumulados 4.922 km)


Son las 12:33 de la noche en Merzifon, Turquía. Estamos algo bebidos en un motel infame de carretera que hemos encontrado a las 9 de la noche, hemos cenado jamón que nos dieron los Chispa de la Vida y pan que hemos comprado en un área de servicio al mediodía. Ahora estamos dándole a la rakija que nos regaló Dragana.

Pero, ¿cual ha sido la historia de hoy?

Esta mañana tras el desayuno hemos llevado a Mar al aeropuerto, y tras dar varuas vueltas para no estar aparcados allí, golpear la matrícula de un coche de un diplomático y esperar casi un hora en el área de Salidas internacionales para dejar a Mar facturada camino de España (la echaremos de menos, nuestra cuarta pasajera) hemosi rodeado todo el "Cuerno de Oro" de Estambul por la avenida Kennedy para terminar cruzando a Asia, uno de los HITOS DEL VIAJE.

Durante el resto del camino, Asia no nos ha parecido muy diferente a la Europa que conocemos (incluso mejor). Hemos parado a comer en un área de servicio en la que mientras comíamos, nos han limpiado el parabrisas de la ambulancia, (que estaba que daba pena de tantos bichos que se estrellan), y hemos comprobado que a pesar de las modernidades tecnológicas de puertas que se abren solas, jabón y papel de secar que sale solo, las tazas del wáter que ya no están marcan la diferencia entre dos continentes y civilizaciones diferentes.

Aún así, Turquía nos está sorprendiendo por lo preparada, limpia y civilizada que está. Pensábamos que sería un versión pobre de Rumanía, Bulgaria o Marruecos. Pero es mucho más, además de los paisajes fantásticos del valle del río Rojo, con sus arrozales verdes (y los italianos de la ambulancia que estaba aparcada al lado de la nuestra en Estambul nos ha adelantado).

Cayendo la tarde Pau conducía y ha visto en un área de servicio a una chica con la camiseta del Rally Mongol que nos decía "adeu". Resulta que era Laia de los ekitcat. Quizá estaba esperando a los Micranois. Minutos después, mediante sms hems sabido que iban varios km después de nosotros.

Hemos seguido unos kilómetros más allá y al final, ya con la oscuridad hemos llegado a Merzifon (esta mañana pensábamos que no llegaríamos), después de pasar la ciudad, con la confianza de Reche de que tras pasar el área urbana habría un área de servicio en la autovía.


Y así fue. Además del tío que nos ha dicho cómo aparcar el coche, que nos ha preguntado si queríamos que nos limpiara el parabrisas y los "botones" que se han acercado a la ambulancia para nada, hemos encontrado una habitación triple por 90 liras turcas (unos 36 €) con un baño cochambroso, sin aire acondicionado y toallas sospechosas..

Hemos cenado en la habitación (jamon de los Chispa de la Vida -gracias Esteban y Álvaro-) con el Cune que no pudimos regalar Vladimir Vujovic en Belgrado (amigo de Reche), y después hemos dado buena cuenta de tres cuartos de la botella de Rakija que nos regaló Dragana en Belgrado (seguimos echando de menos Serbia).

Pero el viaje ya ha comenzado, estamos en Asia, nos cuesta saber en qué día de la semana y del mes estamos y esto cada vez se acerca más a la idea de improvisación y de búsqueda que es el Rally Mongol.

DÍA 6: PLOVDIV - ESTAMBUL


28 de julio de 2001

2 países: Bulgaria Turquía (acumulados 11)
0 túneles (acumulados 108)
468 km (acumulados 4.235 km)

De nuevo parece que hemos llegado a un país más civilizado y rico. La sensación inicial al entrar a Turquía era que entrábamos al mercadeo total, pero finalmente resulta que estábamos en un sitio más serio que Bulgaria.

Porque la salida de Bulgaria era de escándalo, nada en sus carreteras tiene sentido: hemos hecho unos cuantos kilómetros de más porque los enlaces entre diferentes vías no siguen la lógica que conocemos en España y la señalización también era a veces confusa: además de las paranoias de Pau fijándose en carteles de carreteras que no son la nuestra o la seguridad de Reche en una lógica que no es la de Bulgaria.

Entre eso y el pequeño follón de la frontera (que si enseñar el seguro del coche a la salida de Bulgaria -¿por qué?-, que si enseñar ahora los pasaportes, que si ve a pagar allá el visado, que si vuelve aquí a que te pongan el sello en la pegatina, que si nadie más dice nada y te vas a la siguiente garita 200 m más allá, pero resulta que no, que vuelve poque nadie te dijo antes que había que enseñar el seguro antes de entrar...), hemos tenido que parar a comer en un área de servicio. Allí había unos alemanes de Dortmund, participantes del Rally en un pequeño todoterreno, y nos han pasado unos italianos a los que habíamos visto en la frontera, en un Panda. En el área de servicio, además de baños, hay salas con alfombra para el rezo. A Nuria y a Mar les ha impresionado que el camarero les moviera la silla para ayudarles a sentarse. Muy caballerosos, les ha gustado.

La región de Tracia, por la que hemos avanzado hacia Estambul (y de donde era originario Espartaco) es ventosa y parecida a ciertas zonas de La Mancha, como si fuésemos camino de Albacete desde Tomelloso... La autopista está en mejor estado que la búlgara, aunque en cuanto hemos empezado a acercarnos a Estambul se notaba que estaba bastante más castigada por un tráfico infernal que no tenía nada que ver con la soledad del resto del tramo europeo de Turquía.

Y la entrada a Estambul, como nos advirtieron los Xino Xano la noche anterior, es todo un espectáculo: primero el tonto el último del peaje (menos mal que compramos una tarjeta de peaje cuando entramos, proque si no hubiéramos montado una buena al quedarnos atrapados frente a la barrera automática de peaje) y a continuación la selva de coger el desvío correspondiente: son cientos de coches y camiones buscando su camino y gente allí en medio vendiendo agua y dulces. Y a partir de ahi, hasta la cocina...

Lo unico que sabíamos de la ubicación del apartamento que habíamos reservado desde Belgrado, era un punto gordo (y el nombre de la calle) en uno de los barrios del centro de la ciudad. A partir de eso, y con el mapa casi esquemático de Estambul que se incluye en el mapa de carreteras de Turquía hemos conseguido aparcar a menos de 200 m del apartamento; incluyendo pasar por un par de lugares angostos y el chaval armenio de un aparcamiento que ha se ha subido con determinación ala siento del conductor de la ambulancia por un par de calles hasta indicar dónde había que dejarla.

El problema ha sido que no sabíamos que habíamos aparcado tan cerca, y al preguntar por el hotel y la calle, cada uno nos llevaba por un lugar diferente. Habremos perdido más de media hora calle arriba calle abajo hasta que hemos conseguido unas indicaciones buenas. Y el caso es que hemos estado dando vueltas un buen rato al sitio donde íbamos a dormir. Nos ha servido para bajar los kebabs de los últimos días, porque con el calor húmedo que hace aquí nos hemos dado una buena sudada. Menos mal que decidimos dejar las maletas en la ambulancia hasta que encontráramos el lugar.

Hemos tenido suerte con el apartamento: ubicación, tamaño, precio... 75 € con salón, baño, cocina, terraza y dos habitaciones dobles (y una cuna).

No hemos perdido el tiempo con las maletas y nos hemos ido directamente al Gran Bazar para verlo antes de que cerraran. El ambiente en las calles de Estambul es extraordinario, igual que el ataque de querer comprarlo todo que le ha dado a las chicas en cuanto hemos llegado al bazar.

Tras la visita hemos vuelto a la ambulancia a por el equipaje y hemos tomado posesión del apartamento. Pau y Reche han aprovechado para hacer la colada (primera vez en nuestra vida que lavamos a mano, ¿quién nos iba a decir que sería en un apartamento de Estambul?) y hemos visto en el grupo de facebook de equipos españoles que los Estepa Kide llegaban esta tarde a la ciudad, así que les hemos llamado a ver qué plan tenían: nuestra llamada ha sido su salvación, porque estaban perdidos y no tenían sitio donde dormir, así que les hemos invitado a que se quedaran en nuestros sofás.

Para la cena, antes de encontrarnos con los Estepa, hemos tenido nuestro pequeño encontronazo con unos camareros turcos de la plaza Beyacit, que nos dijeron primero que bebida gratis, nos preguntan luego qué cerveza queremos cuando ya habíamos pedido, y que cuando nos han servido la comida nos dicen que no les queda cerveza, que si la mezquita está al lado y no deben servir alcohol a esas horas... Total, que tras aguantar la milonga, y sin haber tocado la comida, Nuria los ha puesto en su sitio y nos hemos ido a otro lugar.

En ese otro sitio nos hemos encontrado con los vascos (Patxi y Eneko) y hemos cenado juntos. Después un paseo nocturno hacia Santa Sofía, con la ciudad animadísima y Reche se ha ido al apartamento con los invitados para que se ducharan mientras el resto del equipo se daba un último paseo.

Ha estado bien tener un rato de charla y beberse un vinillo con otros compañeros de aventura.

Mañana dejamos a Mar para continuar los tres miembros titulares del equipo el camino hacia Asia.

PD: Había chavalillos en el Gran Bazar que sin que abriéramos la boca sabían que éramos españoles, por lo que se confirma la teoría de Reche de que por la forma de vestir se nos identifica: ni vamos en el plan hippy de los norteuropeos ni en el plan fashion italiano.

PPD: No nos cuadra lo del precio del combustible. Pensábamos que iba a ser más barata y eso ha sido sólo en Serbia y Croacia, pero no mucho más barata. En Bulgaria estaba cara, y en Turquía aún mucho más cara, más que en España.

jueves, 28 de julio de 2011

DÍA 5: BELGRADO - PLOVDIV (Bulgaria)


27 de julio de 2001
2 países: Serbia Bulgaria (acumulados 10)
16 túneles (acumulados 108)
557 km (acumulados 3.767 km)

Hoy hemos echado de menos Serbia, porque en Bulgaria ocurren cosas muy raras.

Pero primero, antes de salir de Belgrado hemos buscado el consulado español para hacer copia compulsada del pasaporte de Nuria. Otra vez las fotografías del Google Earth nos han llevado sin problemas a la puerta, y el chaval que nos ha atendido estaba dispuesto a hacer él mismo las fotocopias de forma que fuera el menor número posible de hojas, hasta que una funcionaria tensa que estaba en su mesa se ha levantado para decir que de eso nada, que las fotocopias las hemos de llevar nosotros (quizá es que ella va a heredar la embajada....) El caso es que como no teníamos seguro que el cónsul o el canciller estuvieran por allí para firmar las copias, hemos decidido seguir camino hacia el este.

Íbamos a buen ritmo hasta que en Nis hemos cogido el desvío hacia Sofia, siguiendo el desfiladero del río Nisava. Un paisaje estupendo pero una carretera zigzagueando en paralelo al río y la vía del ferrocarril por donde circulaba el Orient Express.

La primera en la frente ha sido que como no cambiamos los dinares en la frontera antes de salir (llevábamos muchos porque queríamos tener luego dólares en billetes pequeños) ya no hemos podido cambiar unos 18.000 dinares (180 €), además casi nos han mirado con cara de asco al decir que queríamos cambiar dinares.

Tras la frontera todo se ha vuelto sucio, desganado y surrealista. Esa es la impresión que nos ha dado Bulgaria.

Primero hemos parado en una gasolinera donde los dos chavales que atendían fuera estaban jugando con una regadera echándose agua, el combustible es más caro que en el resto de Europa y para usar el baño había que pagar 0,60 €.

Después hemos seguido buscando un sitio tranquilo donde hacer un picnic, hasta encontrar una gasolinera en la que un chaval desganado decía a todos los que paraban que era un kilómetro más allá (pero no sabemos qué). Al final, como había un pequeño jardincillo con mesas y sombrillas, le hemos dicho que nos quedábamos allí a comer. Y mientras tanto él seguía enviado a la gente a otro lado e incluso alguien vino a preguntarnos a nosotros dónde comprar la viñeta (que compramos en la misma frontera). Al menos nosotros hemos tenido nuestro picnic relajado.

Luego hemos seguido sufriendo una carretera horrible que te hacía preguntarte para qué demonios habíamos comprado la viñeta, que más bien deberían pagarnos a nosotros por conducir por sus carreteras. Y esa sensación se ha afianzado al llegar a Sofía. No hemos querido atravesarla, y tras un buen atasco en el cruce con la circunvalación hemos cogido ésta. Es alucinante que una capital europea tenga ese tipo de carretera de circunvalación: el camino viejo de Santa Pola está mejor. La verdad es que Bulgaria nos está dejando una impresión de país muy pobre y deprimido, como a medio desmontar (mejor no hablar de las chabolas de la entrada a Sofía).

A partir de hoy ya hemos empezado a ver las clásicas pirulas en la carretera de los países no muy educados en la cosa vial: adelantamientos en línea continua sin visibilidad, gente que cruza la autopista por cualquier sitio, obras sin casi señalizar, etc...

Al salir de Sofía parecía que por fin, con la autopista todo mejoraba, pero ha ido a ratos: algunos tramos estaban horribles, haciendo sufrir mucho a la suspensión de Merceditas, que se está comportando como una campeona.

Con el cambio de hora al atravesar la frontera, hemos perdido algo de tiempo, por lo que no hemos llegado a la frontera con Turquía y nos hemos salido de la autovía en Plovdiv: típica ciudad del bloque comunista rodeada de bloques satánicos, bulevares tristes y sucios, gente desocupada; y centros históricos hechos un Cristo sin ninguna conservación de sus edificios. Al menos hemos encontrado un hotelillo de tres estrellas que no estaba nada mal: 30 € la habitación doble con desayuno. Además como una no tiene aire acondicionado, nos la ha rebajado a 25 €.

Antes de eso hemos tenido una experiencia surrealista con un poli al que queríamos preguntar si se podía aparcar donde habíamos dejado la ambulancia. Le hemos preguntado si hablaba inglés, y en ese idioma, con perfecta dicción, nos ha dicho que no hablaba inglés, que no entendía y se ha hehco el loco desapareciendo de allí.

Luego en el hotel les hemos enseñado la señal que había en esa zona de aparcamiento y nos han dicho que buscáramos otro sitio para dejar la ambulancia.

Seguimos con los dinares serbios colgados y hemos tenido que sacar 50 levs de un cajero, algo así como unos 18 €. Con eso hemos tenido suficiente para comer de nuevo kebap a la hora de la cena. Estábamos en lo que parecía la calle principal de la ciudad, con muchas tiendas, ya cerradas; muchas terrazas vacías y ninguna iluminación: la triste Bulgaria. Añoramos la animada Belgrado y sus gentes alegres.

DÍA 4: ZAGREB - BELGRADO

26 de julio de 2011

2 países: Croacia Serbia (acumulados 9)

0 túneles (acumulados 92)

400 km (acumulados 3.210 km)


Primer día tranquilo en el que disfrutamos un buen rato de la ciudad de destino. La única novedad del camino fue que hemos aprendido que la reserva dura al menos 30 km circulando a 100 km/h. Por un momento, en mitad de la región de la Krajina pensamos que nos quedaríamos tirados porque no veíamos ninguna señal de gasolinera. Fueron 30 km tensos. Hubiera sido para nota quedarse sin combustible en la primera semana del viaje.


Tampoco hubo problema para entrar a Serbia. Esta vez ni pidieron el seguro del coche, a pesar de que esta mañana hemos estado usando el ordenador de la recepción del hotel sin permiso de nadie para intentar imprimir el recibo del banco (nos ha costado, incluso cuando llego el tío de la recepción y le explicamos lo que estábamos haciendo: la próxima vez habrá que comprobar primero que la impresora está conectada al ordenador.


Algo de tráfico a la entrada de Belgrado, facilidad para encontrar el hotel con las fotos del Google Earth de Reche y gran actuación de Nuria aparcando la ambulancia en una calle con mucha pendiente, marcha atrás (aunque luego hemos tenido que ir a aparcar al lado del zoo para no pagar la O.R.A.).


El hotelito, en el centro de Belgrado esta muy bien, y a mitad de camino entre el castillo de Kalemegdan (uno de los lugares más reseñables de la ciudad, dominando la confluencia entre los ríos Saba y Danubio) y la calle Skadraska, el rincón bohemio de la ciudad.


Después de comer más carne, como la cena de ayer, en una de las múltiples terrazas del barrio, hemos paseado con Dragana, amiga de Reche, que nos ha dado un buen paseo (lo necesitábamos) por la ciudad hasta llegar a Kalemegdan al atardecer. Hemos visto el sol esconderse tras los bosques del otro lado del Danubio mientras tomábamos unas cervezas.


Tras el paseo, de nuevo al hotel a asearse y hemos ido a la calle Skadraska a cenar algo ligerito. Una calle peatonal adoquinada con multitud de terrazas, un gran ambiente y orquestinas tocando en cada una de ellas. La animacion de Belgrado un martes de julio por la noche es alucinante (nada que ver con Zagreb, más centroeuropea, y donde parece que la gente se va a la costa).


Volvimos a ver a Dragana, acompañada por su amiga María, también arquitecta serbia y que trabaja para FCC. Nos hemos bebido juntos una botella de vino y ellas nos han regalado una de rakija (pronúnciese rakia: aguardiente serbio) y el ingrediente para hacer unos pasteles, con opio.


Además, Dragana y María también han tenido su botella de vino español. Y como no hemos podido ver a Vladimir, otro amigo de Reche, tememos que antes de llegar a Irán vamos a tener que tomar mucho vino y rakija.


Belgrado, su animosidad y su gente nos han encantado. Mañana intentaremos llegar más allá de Sofía para tener pasado mañana algo más de tiempo en Estambul.