Aventura nº...

AVENTURA Nº 2: RUTA DE LOS CABOS 2012

sábado, 15 de octubre de 2011

DÍA 25: ÖLGIY - KHOVD

16 de agosto de 2011


1 país: Mongolia (acumulados 17)

0 túneles (acumulados 138)

263 km (acumulados 13.393)


Ya tenemos a nuestro Ángel de la Guarda del viaje, al igual que esperamos tener esa consideración para otros participantes del Rally.

Merceditas entre el coche de Juan Pedro y el del nuestro anfitrión.

Nuestro benefactor ha sido Juan Pedro, el suizo. Sin él hoy habríamos perdido mucho tiempo. Aunque luego lo hemos perdido para ayudar a otra gente, así que tras la toma de contacto de ayer, hoy tampoco hemos avanzado mucho en Mongolia. Si seguimos a esta media, no llegamos.

Esta mañana al despertar Pau e ir al baño, ha vuelto a entrar con malas noticias. No se trataba de que el retrete es una fosa al aire libre rodeada tan solo por una tapia de poco más de un metro de altura (al menos estaba limpia). La rueda trasera izquierda estaba pinchada. Y no teníamos rueda de repuesto. Nos tocaría pedir a nuestro anfitrión que nos llevara a un taller con la rueda o que hiciera venir a un mecánico...

Pero nuestro jubilado suizo se ha puesto manos a la obra cuando Pau le dijo que tendríamos problemas para arreglarlo. Ha sacado su supergato para levantar la ambulancia en cuatro movimientos; y tras extraer la rueda hemos buscado el pinchado y lo ha arreglado con el kit que lleva en su todoterreno para pinchazos. Le hemos preguntado si había arreglado antes muchos como éstos, y nos ha respondido que hasta ahora sólo había practicado por si se daba el caso. Y pensar que nosotros comenzamos el viaje sin saber dónde iba el gato ni cómo se extraía la rueda de repuesto... Y el suizo llevaba hasta compresor para enchufar a la batería del coche.

Así que hemos empezado el día ensuciándonos (al menos anoche no nos pudimos duchar). Tras desayunar algo y reclamar al cabeza de familia que me devolviera el cambio de lo que le pagué anoche (no lo hizo en el momento y se lo tuve que recordar esta mañana), hemos seguido a Juan Pedro hasta el centro de la ciudad. Según los planos esquemáticos de las ciudades mongolas que nos proporcionó la organización, junto a la plaza central hay talleres donde podemos poner uno de los neumáticos extra que llevamos en la llanta de la rueda de repuesto.

Era extraño encontrarse con calles asfaltadas, coches nuevos, gente ocupada en tareas urbanas y edificios de viviendas en mitad del paisaje interminable que vimos ayer y entre los barrios humildes que hemos visto esta mañana (aunque es cierto que los edificios que hemos visto nos estaban en el mejor estado de conservación). Pero parece que las ciudades de Mongolia son algo más que campamentos de yurtas y tienen un desarrollo urbano estándar (quizá impuesto en la época de estatalismo).

En la plaza central de la cuidad nos hemos despedido de Juan Pedro, que iba a la oficina de Correos a enviar un correo electrónico a su mujer. Ha sido una suerte encontrarlo. Y a quien nos hemos encontrado aquí ha sido al australiano con acento porteño y a un británico que en el campamento de Tashanta de vez en cuando se acercaba a contarnos cosas sin interés y a una velocidad incomprensible (quizá si lo hubiéramos comprendido sus anécdotas hubieran sido interesantes, quién sabe) para luego irse como cualquier cosa: Nuria le puso de mote El pájaro loco.

Éstos no sabían donde estaban los talleres, así que hemos seguido hacia la salida de la ciudad en búsqueda de una gasolinera (anoche no llenamos el depósito cuando nos asaltó el matrimonio kazajo) y un taller. El tipo de la gasolinera, tras varios intentos para explicarnos dónde estaba el taller, ha decidido subirse con nosotros y guiarnos él mismo al taller. Pero tras dos paradas, no hemos encontrado ningún sitio donde pudieran arreglarnos, así que nos la hemos vuelto a jugar y nos hemos lanzado a campo abierto sin rueda de repuesto, confiando en que en los 240 km hasta la próxima ciudad: Khovd no tuviéramos ningún percance.

Y allá que hemos salido brújula en mano hacia el sureste por la única pista que se veía en esa dirección. El asfalto apenas ha durado un par de kilómetros, y antes de encontrar la única señalización esquemática de las carreteras que teníamos por delante, ya avanzábamos por una pista ancha pero bacheada con la maldita microondulación que convierte esto en un infierno.

En seguida hemos estado en mitad de una gran llanura en la que a la pista ancha le han ido saliendo multitud de caminos a ambos lados, más estrechos pero sin la ondulación producida por el tráfico. El problema de los caminos laterales es que en general están más sucios de piedras grandes y no están sobre una plataforma que salve los pequeños cauces de escorrentía que atraviesan la llanura. Así que debíamos elegir entre el traqueteo infernal con el que es imposible saber la velocidad idónea, o los caminos laterales sinuosos, que permiten una velocidad mayor con una rodadura más suave pero con el peligro de comerse una piedra grande o los grandes baches producidos por los badenes. Íbamos a rato por un sitio o por otro, sin encontrarnos más que algún rebaño de cabras y algún camión y autobús, en ambos sentidos. También, e imitando a Homer Simpson, nos hemos encontrado con uno de los mayores espectáculos que se pueden observar en la Naturaleza: una gran caravana de apisonadoras avanzando por mitad de la llanura, fuera de la pista marcada. Luego hemos podido comprobar que se están haciendo obras de construcción de una carretera nueva (nos metimos por error en la plataforma sin terminar y unos obreros tuvieron que indicarnos que por ahí no era) e incluso hemos visto una planta de aglomerado asfáltico.

El interurbano Khovd - Ölgiy

Si encontrarse obras en una carretera civilizada tiene sus inconvenientes, encontrarla en estas pistas es un auténtico martirio, porque además de la proliferación de baches imposibles de esquivar, la nube de polvo levantada por el poco tráfico que puedas encontrarte es un manto de invisibilidad peligrosísimo, y adelantar a algún camión lento que te encuentres en el camino puede ser muy peligroso.

La llanura era en realidad un valle amplio por el que hemos avanzado los primeros 70 kilómetros, hasta que hemos bordeado el lago Tolbo por el norte tras unas indicaciones no muy claras y hemos comenzado a subir el primer puerto de montaña de los dos que hay hasta Khovd.




Y aquí, ¿qué dice?


Está claro, a 134 km de Tolbo, tirando por la izquierda, se llega a Khovd.

Aquí la pista ha ido empeorando poco a poco hasta convertirse en un camino de cabras subiendo montaña arriba. Nos parecía físicamente imposible que por ahí hubieran pasado los camiones que de tanto en tanto nos encontrábamos en sentido contrario.




Más adelante hemos encontrado un pequeño río que hemos vadeado sin problemas. Aquí hemos decidido darnos el baño del día. Y en ésas estábamos en mitad de un valle abierto a 2.600 m de altitud, rodeados de cumbres nevadas, cuando ha aparecido un chaval en bicicleta a observar lo que hacíamos. Al igual que la abuela de los niños del águila, no se veía de dónde había aparecido. Simplemente era una gran extensión sin más huellas humanas que las marcas de los vehículos creando un camino, y de repente aparece gente.



Nuria aseándose, Pau recogiendo agua, el niño y las montañas nevadas.

Además del niño, unos minutos después llegaron unos paisanos en un todoterreno soviético de los antiguos, que cruzaron el río pararon, curiosearon un poco, se rieron bastante (uno de ellos iba como una cuba) y como vieron que no les hacíamos caso siguieron su camino.

El crío y su bicicleta

Una vez aseados y con agua en los bidones, hemos dado al niño unos caramelos y 6 km después nos hemos vuelto a encontrar a los borrachos del todoterreno al otro lado de un río que había que vadear. Se podía hacer por varios sitios y creo que he elegido el peor: el más estrecho pero profundo. No nos hemos quedado atascados en la grava de milagro, porque hemos patinado y el agua ha llegado por delante hasta la luna delantera, es decir, muy arriba. Después de esto, la aguja de la temperatura me ha tenido preocupado un par de horas porque se ha quedado muy abajo. Pensé que el agua o la grava había estropeado el sensor de la temperatura del motor porque no se recuperaba. Aún así, a tanta altura (aire frío) y sin pasar de los 50 ó 60 km/h, tampoco es que estuviéramos forzando tanto al motor.


Esto es lo más cerca que hemos visto un yak.

Hemos dejado el valle y hemos vuelto a bajar lentamente por desfiladeros más o menos estrechos y caminos que en ocasiones eran pistas y en otras había pistas que te ayudaban a adivinar que ése era el camino hasta que nos hemos encontrado con unos ingleses que acamparon junto a nosotros en Tashanta. Cuatro tíos en dos Daewoo Matiz. Estaban parados porque se les había agujereado el depósito de uno de los coches, que había quedado completamente fuera de juego. Y nos han pedido que los remolcáramos hasta la ciudad. Estábamos casi a 80 km de Khovd, y no podíamos decir que no. Así que la idea inicial de llegar a Khovd a media tarde para que nos arreglaran la rueda mientras comíamos algo ha sido abortado.

Han sacado ellos su cable de arrastre, que era corto, y lo hemos atado a nuestro eje trasero (la ambulancia no tiene ningún gancho). Y allá que hemos salido arrastrando al pequeño Daewoo por caminos que estaban más o menos transitables hasta que han comenzado a pitar para que paráramos. El cable es demasiado corto y por tanto no tenían tiempo de reacción si yo frenaba bruscamente al encontrarme con baches o piedras. Además me han pedido que fuera aún más despacio (iba a 30 km/h) y no pillara baches ni piedras (es lo que intentaba hacer) porque habían perdido la suspensión y además su coche es más bajo que nuestra ambulancia (mira, de esto no me había dado cuenta).




Servidor y un inglés debajo de la ambulancia

Así que hemos sacado nuestro cable de arrastre, más largo, y lo hemos empalmado con el de ellos. Mientras hacíamos este circo, ha llegado un tío a caballo para curiosear, ha pasado una motoniveladora en sentido contrario (¿qué estaría arreglando el tío de la motoniveladora?) y Nuria dormía en la camilla sin enterarse prácticamente de casi nada porque parece que algo de la cena de anoche le sentó mal.

Tras otros cuantos kilómetros se ha roto nuestro cable de arrastre porque iba tocando mucho el suelo y ha terminado por rasgarse. Es imposible llevar una velocidad constante en estos caminos, así que no se puede tener el cable tenso, sino que de vez en cuando golpea el suelo. Por lo que hemos tenido que seguir haciendo arreglos con nudos al cable, hasta que se ha roto totalmente.


Piano piano si arriva lontano

Así íbamos parando hasta que nos han adelantado los ingleses con los que cruzamos de Turkmenistán a Uzbekistán. Ha sido cuando estábamos sustituyendo el cable de arrastre por cuerda. Como era muy larga hemos podido hacer un cordón de seis cables a base de trenzarlo varias veces. A poco menos de 50 km de Khovd había un puente sobre un río. Un puente en un estado lamentable, tanto que había varios camiones abajo en el río para vadearlo. Me he santiguado (imaginaos el aspecto que tenía en puente) y hemos cruzado con los ingleses detrás nuestro, que en ese momento ya habían perdido dos de los seis cables de los que se componía el cordón.

Y a partir de este punto el camino se ha complicado porque se ha vuelto arenoso. Permite ir más rápido porque apenas hay baches, pero hay más tirones porque los vehículos patinan. Así que el cordón ha ido perdiendo sección conforme saltaban los cables en los tirones más fuertes además de que no sé qué les habrá pasado que ha habido un momento en el que se han quedado sin batería, se les ha bloqueado la dirección y han terminado empotrados contra unas piedras en el lateral del camino.

Habíamos recorrido 40 km en dos horas, delante de nosotros el camino comenzaba a subir unas colinas no muy altas, pero que requerirían un esfuerzo extra sobre la arena. Y el cordón tenía la mitad de sección que cuando lo enganchamos. Así que tras varios puntos en los que hemos estado a punto de atascarnos en la arena, con los tirones correspondientes que han roto completamente el cordón; los hemos subido a lo alto de la primera colina usando su cable de arrastre (que no medía más de 5 m). Los hemos dejado allí arriba. Como eran dos coches, la mitad del equipo se acercaría a la ciudad a pedir mecánico o remolque y los otros se quedarían allí esperando.

Nos hemos despedido de ellos y hemos podido avanzar más ligeros. Por un lado sabíamos que era una putada dejarlos allí, pero era martes a las 5 de la tarde, aún no habíamos comido y no habíamos recorrido más que 200 km: la meta de llegar el viernes a la capital y estar el lunes trabajando en España se complicaba. Teníamos que seguir adelante fuera como fuera.

Curiosamente, a partir de ese punto, el tráfico ha aumentado y hemos comenzado a encontrarnos autobuses circulando por esos caminos de arena de las colinas. También hemos adelantado a los ingleses de la frontera uzbeka porque parece que se atascaron en un banco de arena y los acababa de sacar de allí uno de los camiones que habíamos visto en el vado del río (y que nos adelantó en una de las últimas paradas con los remolcados).



Las vacas vuelven a la ciudad, al fondo a la izquierda

A la entrada de Khovd había un campamento para los participantes del Rally Mongol, pero según el croquis que teníamos de la organización, el taller estaba en la salida de la ciudad. Hemos podido encontrar lo que según el plano era el taller pero estaba cerrado. De la vivienda contigua ha salido una familia al completo que nos han indicado que llamáramos al teléfono que estaba garabateado (y rascado, nada de pintarlo) en la pared del marco de la persiana metálica del taller. Tras varios intentos hemos podido hablar con alguien que nos ha dicho que esperáramos. Mientras tanto, la familia que vivía allí ha estado curioseando la ambulancia. Uno de los niños estaba hecho un asco: sucio, medio desnudo, con mocos, dando un aspecto de pobreza extrema; pero estaba jugando con un teléfono móvil que no parecía barato. Que alguien me lo explique.

A los pocos minutos ha llegado una mujer bien vestida en un todoterreno grande y caro que nos ha pedido que la siguiéramos. Nos ha llevado de vuelta al campamento que vimos a la entrada de la ciudad. Allí, el enlace de la organización del Rally se ha hecho cargo de la reparación de la rueda (se la han llevado para cambiarle el neumático a la llanta) y nos ha invitado a meternos en la yurta-bar que tenía instalada. Allí estaban los ingleses talluditos que recolectaron el dinero en la frontera turkmena (nos han dicho que ellos se vuelven desde Mongolia a Moscú en el Transiberiano), esperando a que les arreglaran la susensión trasera de su pequeño Peugeot; y también los que adelantamos en las colinas, los de la frontera uzbeka. Todos ellos se quedaban esta noche en Khovd. Nosotros, aunque ya es tarde, hemos decidido seguir mientras haya luz.

Merceditas junto a los coches de los ingleses

Una hora después, en cuanto hemos tenido la rueda de vuelta y con una cerveza y unas galletas en el cuerpo, nos hemos despedido de todos (también de los del Daewoo sano que acababan de llegar para pedir ayuda) hemos seguido unos 30 km hasta que los faros comenzaban a hacer sombra en los baches del camino.

Estamos cerca del lago Kharus Nuur según el mapa de carreteras. Es un infierno. Jamás en mi vida he visto tantos mosquitos y tan agresivos. Es un ataque constante por lo que apenas hemos comido pan y pisto sin calentar porque es imposible estar más de diez minutos fuera.

Desde el interior de la tienda de campaña se escucha la nube de mosquitos atacando la tela. También escuchamos a Nuria golpeando las paredes del interior de la ambulancia. Está cazando polillas y mosquitos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

DÍA 24: TASHANTA - ÖLGIY

15 de agosto de 2011


2 países: Rusia y Mongolia (acumulados 17)

0 túneles (acumulados 138)

140 km (acumulados 13.130)


¡Al fin Mongolia! Hoy hemos cruzado la última frontera en nuestro camino a Ulán Bator, la que más tiempo nos ha llevado.

A pesar de que nos hemos levantado cuando estaba amaneciendo y hemos parado llegado a destino cuando ya oscurecía, no hemos avanzado más que 140 km; y es que gran parte del día lo hemos pasado esperando papeles.

Al despertarnos, el resto del campamento ya estaba recogiendo, y nosotros hemos sido los últimos en dirigirnos hacia la aduana. Tampoco había mucha prisa porque las ambulancias ya estaban aparcadas en la cola y habían dejado un hueco para la furgoneta de los Shere Khan. Pau se ha montado con éstos y se ha llevado nuestra tienda y sacos (lo único que no se llevó Nuria en la ambulancia), mientras que yo he querido recorrer paseando el kilómetro y medio que nos separaban de la verja.


Por aquí llegamos (más de uno también "se fue" debajo del puente durante el domingo), la carretera M-52.


Y por aquí seguimos: la entrada a Tashanta, a primera hora de la mañana

El pueblo estaba desierto. Lo único que se veía eran algunas águilas y cuervos posados en postes y tejados de las casas, y vacas esperando a que las llevaran a pastar. Al final de la carretera estaba la aduana, y frente a la verja, una cola de algo menos de 20 vehículos (casi todos del Rally, a excepción de algún ruso y un tráiler enorme) esperaba a que abrieran (un par de horas). Allí estaban los ingleses que acompañaban a los Xino Xano en Turkmenistán, con los que entramos a Uzbekistán; y los talluditos que organizaron la recaudación de dinero para el visado en la entrada a Turkmenistán (cuatro señores en un Peugeot 206, que antes de salir de Europa perdieron por enfermedad a un miembro del equipo y por avería uno de los dos coches).



La aduana rusa con la Citröen de Alain en primer término

Los que han pasado la noche en las ambulancias han seguido durmiendo un rato más, y los demás hemos matado el tiempo charlando o haciendo cola en la puerta de la garita de control de documentos del vehículo, que está a la salida del pueblo, antes de la aduana. Durante ese tiempo hemos ido viendo cómo iban llegando los funcionarios, guardias y soldados que trabajan en la aduana. Algunos salían de casas del pueblo, y otros llegaban en coche desde algunos de los pueblos que encontramos hace dos noches a 20 ó 30 km de Tashanta.

De vez en cuando pasaba algún local al que abrían una puerta lateral en la verja y se metía con su coche en tierra de nadie.

En la aduana nos han ido dejando pasar de dos en dos coches. La salida de Rusia ha sido más tediosa y complicada que la entrada. Además nos faltaba un papel: una declaración de entrada del vehículo que no nos habían dado en Rubtsovsk. Por suerte llevábamos un papel similar de la entrada a Kazajstán, que nos ha servido igualmente porque ambos países tienen un convenio. Pau se ha acordado de que teníamos ese otro documento porque ayer, cuando fuimos a buscar agua con Fede (Shere Khan) al río cercano; vio por el retrovisor que se nos había caído algo. Resultó ser el papel kazajo que hoy nos ha servido para salir de Rusia. Menos mal lo vio y que, al recogerlo, se le quedó en la cabeza que teníamos ese papelito que no tiró al salir de Kazajstán.

Al final, tras pasear por más de una ventanilla, hemos salido. Al otro lado de la verja nos esperaban el resto del grupo, y nos han advertido que la rueda delantera derecha volvía a estar floja. Así que en cuanto cruzásemos a Mongolia, la cambiaríamos. Para ello nos quedaban primero 20 km de carretera sinuosa aunque en buen estado hasta llegar a otra verja, que es la verdadera frontera.

La última barrera antes de entrar a tierra de nadie entre Rusia y Mongolia.

Allí otra funcionaria ha mirado nuestros papeles y nos ha abierto, al mismo tiempo que una furgoneta mongola cruzaba desde el otro lado.

Y aquí a comenzado la pista de tierra: 5 km hasta la aduana mongola (que al menos tenía sus instalaciones pavimentadas).

La verja estaba cerrada y el tipo de la garita se ha limitado a darnos unos números y un pequeño formulario para rellenar. Además, otro tipo se ha ofrecido a cambiarnos dinero, pero no le hemos hecho mucho caso.



La cola en tierra de nadie

Actitud de espera

Poco a poco han ido llegando más coches y un guardia ha venido a decirnos que tenían problema con la conexión a Internet y que por tanto hasta la una de la tarde no podrían comenzar el proceso de admisión. Nos hemos dedicado a intentar atraer a unos animales parecidos a los perrillos de las praderas, que estaban por allí tomando el sol junto a los bloques de hormigón instalados en la ladera para evitar aludes de nieve.

También, y viendo que teníamos tiempo, tanto nosotros como los Chipa de la Vida nos hemos dispuesto a cambiar las ruedas. Nuestro gato es muy incómodo y poco útil, e íbamos muy lentos. Además, a mitad de operación, han abierto de repente la verja para que fuéramos entrando; y nosotros con la ambulancia levantada. Álvaro y Esteban han terminado pronto de cambiar sus ruedas (están bastante bien preparados) y nos han ayudado a terminar la nuestra (ni siquiera habíamos tenido la preocupación, antes de salir de España, de mirar donde estaba el gato o cómo se sacaba la rueda de repuesto, por lo que nos estaba costando hacerlo todo).


Álvaro y Esteban, en cuanto podía, se subían a lo alto de su ambulancia.

Nuestro retraso nos ha servido para ver que la ambulancia de los Bison Team había dejado una mancha enorme de aceite donde habían estado parados. Les alertamos antes de cruzar la verja y tuvieron que detenerse a mirar qué era lo que les pasaba: unos decían valvulita (el aceite de la caja de cambios y la transmisión) y otros decían que era del radiador. Así que se sumaba una avería más a todas las que llevaban (los amigos, para poner en marcha la ambulancia han de meterse debajo de ella para conectar el arranque).

Se han quedado allí intentando ver si podían repararlo o hacer algún apaño y los demás hemos entrado a la explanada de la aduana. El primer guardia que se ha acercado a hacer una inspección rutinaria llevaba una herida en un dedo. Los Chispa de la Vida le han ofrecido una coca-cola (llevan un buen cargamento) y han visto la herida, por lo que nos lo han remitido para que Nuria se la curara. Hemos entrado con buen pie: ofreciendo coca-cola y servicios médicos.

En el interior del edificio de la aduana, además de funcionarias que llegaban, miraban nuestro pasaporte y se iban, no había gran cosa que hacer mientras esperábamos que nos sellaran los pasaportes. Los Madia Leva y Shere Khan habían aparcado en otra campa que había al otro lado de la aduana, previa a la verja de salida de las instalaciones.

En esa campa, al sol, hemos pasado parte de la tarde viendo cómo iban llegando más vehículos que aparcaban a esperar sus papeles y siendo la atracción de los niños del pueblo, que desde el otro lado nos pedían caramelos y regalos.


Atracción de feria (nosotros tras la verja).

Se ha hecho la hora de comer, y para envidia del resto de británicos que comían cualquier cosa de sus despensas móviles, nosotros hemos montado el chiringuito para preparar la comida (los Bison Team han llegado a tiempo para probar las dos raciones que les habíamos preparado) y hemos seguido armándonos de paciencia.

Pau espera junto a la ambulancia de los MadiaLeva, detrás uno de los ingleses viejunos apoyado en su Peugeot 206, la ambulancia de La Chispa de la Vida y el camión de bomberos con uno de sus ocupantes en el asiento que le instalaron anoche en la parte de arriba.

Entonces la maldición de las fronteras ha vuelto a planear sobre nosotros: Una estricta a la par que atractiva funcionaria mongola ha venido a revisar la ambulancia, y el tema de los medicamentos no le ha gustado. Decía que el suero no estaba permitido (porque era inyectable) y que el resto de medicamentos estaban restringidos. Al igual que los funcionarios uzbekos, ésta quería saber si teníamos permiso para introducir el material. Finalmente, tras varias idas y venidas en la que la amiga le dijo a Pau que en principio no podíamos pasar, se encontraron en el edificio de la aduana con el guardia al que habíamos ayudado con la herida. Y tras hablar éste con su superior e intercambiar unas palabras, han cambiado de idea y nos han incautado sólo el suero (aunque de las jeringuillas no han dicho nada), dejándonos entrar con el resto de medicamentos.

Mientras tanto, sin tener aún la documentación en regla, el guardia de la puerta de entrada a Mongolia nos ha dejado pasar a buscar el banco para cambiar dinero antes de que cerrara. Uno de los tipos que nos había ofrecido cambio al otro lado de la aduana nos ha acompañado hasta el banco (una triste casa escondida igual que las del resto del poblado) insistiendo en que nos ofrecía un buen cambio.

Hemos llegado tarde y el banco ya estaba cerrado, y finalmente hemos cambiado el dinero con el cambista después de negociar un poco y consultar con otros equipos el ratio que consideraban aceptable.

Y además de nuestros problemas con los medicamentos, los Chspa de la Vida y Madia Leva han tenido problemas con la documentación de sus vehículos porque la organización de The Adventurist no había transmitido la documentación correcta a las autoridades mongolas. Así que se acercaba la hora de cerrar la frontera y ellos seguían sin poder solucionar su situación.

Nosotros hemos salido en cuanto la funcionaria nos ha dicho que nos fuéramos y en el pueblo hemos sacado el seguro de la ambulancia (en un cuartucho que olía a piel de cordero) y hemos parado a la salida a la espera de nuestros compañeros.

El poblado tenía un aspecto muy pobre, y mientras esperábamos se nos han acercado muchos niños, algunos muy pequeños, a curiosear. Todos entendían, a pesar de su edad, frases básicas de inglés y les hemos dado algunos caramelos, material escolar y rotuladores para que pintaran en la ambulancia. Salvo una niña muy pequeña que tenía muchas leyes y se ha enfadado en cuanto hemos sacado la cámara de fotos, y dos adolescentes que atendían una tienda al lado del camino; todos querían ponerse delante del objetivo. Nuria comenzó a hacerle una pulserita a uno de los más pequeños, y terminó por tener una cola de criaturitas esperando su turno.


Pau jugando con David Beckham (así decía el chaval que se llamaba)


Nuria ante su público (niños mongoles de diferentes tallas)


Hemos comprado algo de agua y cerveza y hemos esperado a los demás. Sólo han podido cruzar los Bison Team, que con su Iveco renqueante han empezado a hacer camino para intentar llegar a la primera ciudad y reparar la ambulancia antes de que se les montara completamente.

Adentrándose en ambulancia por las tierras mongolas.


También ha pasado el francés Alain, con el que hemos intercambiado saludos en castellano (esperamos poder encontrarnos con él y su vieja Citroen por las pistas de Mongolia), los australianos y más británicos (los dos Daewoo que acamparon primero con nosotros en Tashanta, los viejunos, los amigos de los Xino Xano,…).

Todos se alejaban por la pista, y en ese momento era cuando te dabas cuenta de la inmensidad del paisaje, de la profundidad real del camino que se alejaba para internarse hacia la izquierda por un valle entre colinas. ¡Qué ganas de empezar la travesía de Mongolia!

Pero cuando han llegado los Shere Khan hemos seguido esperando con ellos hasta que han cerrado la frontera. Confiábamos que el resto de nuestros compañeros pudieran salir, pero al final nos han dicho por los walkies que cerraban y no les habían solucionado su problema. Se tendrían que quedar a pasar la noche allí. Muy mala noticia.

Fede fotografiando a una de las niñas mientras esperábamos noticias del resto de compañeros en la aduana.

Es lunes y el lunes que viene debemos estar en España trabajando, por delante tenemos 1.800 km por carreteras que son toda una incógnita. No hay más remedio que seguir adelante, así que hemos vuelto a la verja para despedirnos de los asturianos y gallegos, y los Shere Khan nos han acompañado unos cinco kilómetros hasta un lago donde se han quedado para acampar. Y nosotros otra vez solos, dejando compañeros atrás.

Las cinco y media de la tarde y sólo habíamos avanzado 25 km. ¿Llegaríamos a Olgiy, a 90 km de la frontera? La pista estaba aceptable y tenía muchos tramos en los que podíamos avanzar a 60 km/h a pesar del bacheado; sólo que al igual que en los campos de minas de Uzbekistán y Kazajstán, nos encontrábamos de vez en cuando algún bache más gordo que nos dolía mucho.

En un momento determinado, la pista tenía un desvío por obras (mejoras en el paso de un pequeño puerto de montaña) que nos ha conducido por un camino estrechísimo de pendientes fuertes que nos hacía dudar que ésa fuera la ruta. Lo era porque nos hemos encontrado un campamento de británicos y australianos que nos han invitado a quedarnos con ellos, pero hemos declinado la oferta para intentar llegar a la ciudad. Y hemos hecho bien, porque al cruzar el puerto nos hemos encontrado con una carretera asfaltada en perfecto estado por la que hemos conducido a 90 km/h, e incluso 110, los últimos 30 km del día.

Afortunadamente he ido reduciendo la velocidad conforme nos acercábamos a la ciudad, a pesar de las ganas que teníamos de encontrar un hotel después de dos días de acampada a 2.020 m de altitud. A la entrada de Olgiy había un policía plantado delante de su coche. Le he saludado y me ha devuelto una sonrisa magnánima, como diciendo: “De la que te has librado, que te he visto que venías como un loco allá a lo lejos pero has entrado como un ser civilizado”.

De repente la carretera se ha convertido en un terraplén cortado por obras en la entrada a la ciudad, compuesta por casas de adobe de aspecto muy humilde. La gente nos saludaba e incluso un tipo en un viejo Lada se ha puesto a echarnos luces.

En la primera gasolinera hemos parado a llenar el depósito y de repente han aparecido los del Lada: un matrimonio con una libreta en la que tenían escrito en inglés, francés, alemán, ruso y español que eran una familia que ofrecían cama, comida y ducha. La oferta en español estaba escrita por unos participantes del año pasado que recomendaban quedarse con esa familia.

Y hemos aceptado.

Les hemos seguido hasta su casa, junto a la misma carretera de entrada, de una sola planta y rodeada por una tapia de adobe y piedras. En el patio había coches de otros huéspedes. Para entrar nos hemos quitado los zapatos y nos hemos encontrado con toda la familia cenando en el salón. Una de las puertas del salón daba a la habitación de matrimonio, la nuestra. Sólo había una cama, para dos personas; la tercera dormiría en el suelo, en uno de los sacos. La puerta está cubierta por una cortina, ésa es la separación con el salón. Así que mientras nos preparábamos para cenar, entrando nuestro equipaje, escuchábamos a la familia cenando.



El matrimonio que nos ha abordado en la gasolinera, dos de sus hijas y un nieto (hijo del primogénito, no de las niñas)


El resto de familiares, que estaban cenando cuando hemos llegado.

Luego, nos han llevado a una habitación a la que se entraba desde fuera de la casa, donde nos han ofrecido la cena: una especie de caldo de cocido, té, pan y leche agria. Nuestros anfitriones han estado con nosotros y nos han dicho que son kazajos y musulmanes (detrás de mí en la pared el marido me ha enseñado un tapiz con versos del Corán).

En ese momento hemos conocido a Juan Pedro, un suizo de la parte alemana del país alpino que se ha presentado con ese nombre. Estuvo unas semanas de vacaciones por España y aprendió a decir su nombre en castellano.


El suizo Juan Pedro, habla con nuestro anfitrión.

Juan Pedro está de vuelta a casa. El buen hombre es un profesor universitario de matemáticas ya jubilado, con 63 años. Se vino a Mongolia en su todoterreno, aquí quedó con su mujer, que voló desde Suiza, estuvieron una semana juntos recorriendo el norte del país, luego ella se volvió a trabajar y ahora él está volviendo a su país. Le queda un mes de viaje. Un fenómeno. Nos hemos tomado con él unas cervezas calientes que nos ha ofrecido nuestro anfitrión musulmán y hemos charlado un poco de viajes. Luego le hemos enseñado la ambulancia y nuestra familia anfitriona casi al completo ha pretendido subirse dentro. Aunque la principal obsesión del padre eran las ruedas, ver de qué tipo eran, además de la luz portátil que llevábamos dentro. Curioso.

Brindando con cerveza delante del Corán

La ducha no es posible hasta mañana a las 10 de la mañana. Demasiado tarde, así que nos levantaremos pronto y ya nos asearemos en algún río después de cambiar la rueda de repuesto en algún taller de la ciudad.

Antes de dormir, hemos podido comprobar que el más pequeño de la casa se colaba gateando por la cortina de nuestra habitación a curiosear. No creemos que lo hayan instruido para que nos robe todo el dinero.

lunes, 10 de octubre de 2011

DÍA 23: TASHANTA

14 de agosto de 2011


1 país: Rusia (acumulados 16)

0 túneles (acumulados 138)

0 km (acumulados 12.990 km)



¿Mongolia? ¿Quién dijo Mongolia? No. Hoy seguimos en Rusia porque al contrario de lo que nos dijo la organización del Rally, la frontera está cerrada los fines de semana. Así que hoy hemos disfrutado de un soleado domingo de agosto en el páramo, a 2.020 m de altitud. Y además hoy he podido constatar mi teoría de que en el lugar más insospechado del planeta puedes encontrarte con un indocumentado jodiéndote la tranquilidad con una sierra radial. Luego os lo cuento.

Al principio nos lo hemos tomado mal, porque nos queda una semana para estar volando de vuelta a España y aún hemos de recorrer unos 1.800 km por territorio comanche. Sabemos al menos que los Blinkacepas, desde su último mensaje en Novosibirsk (capital de Siberia), han entrado en Mongolia y están a un día de Ulán Bator. Así que parece que a pesar de los problemas que decían tener en la ambulancia han conseguido llegar sin mayores problemas hasta el interior del país.

Así que calma. Hoy el día no ha podido ser más relajado. Y alrededor del campamento que montamos anoche han ido llegando más participantes (británicos y australianos) que han acampado junto a nosotros.

Esa acumulación de coches, incluyendo un camión de bomberos inglés que ha llegado a media tarde, ha ido atrayendo a la chavalada del pueblo, que se ha acercado a ver si pescaba algo. La población aquí es de etnia mongola, así que ya sabemos lo que nos vamos a encontrar al otro lado de la frontera.

Al final el día nos ha servido para descansar de tantos kilómetros y relajarnos. Algún partido de fútbol, o a AEIOU (sin ser conscientes de que a esta altura enseguida nos faltaría el oxígeno); pequeña excursión en búsqueda de agua a un río cercano, preparar el rancho de comida con aportación de todos y alguna reparación: la ambulancia de los Bison Team hace aguas por todas partes, y la de los Media Leva también tiene algún problema.

Nosotros hemos amanecido con la rueda delantera derecha floja. Los Shere Khan nos han dejado su bomba de pie; y me la he cargado justo cuando estaba terminando...

Anécdotas de hoy


  1. Los Bison Team, a pesar de los problemas que van teniendo, han subido hasta lo alto de la colina que tenemos al norte, metiéndose campo a través con la ambulancia. Llevaban gente arriba. Al bajar nos han dicho que se veía al oeste un río, al que hemos ido luego a por agua

  2. Más tarde hemos visto aparecer en lo alto de la misma colina un rebaño enorme de cabras que se dirigía hacia nosotros. Cuando estaban a punto de encontrarse con nosotros, el pastor que las guiaba (en moto) las ha desviado de su camino.

  3. Hemos visto pasar a Alain, el francés que va en su Dyane 6 y que el año pasado ya estuvo en Barcelona, pasar por la carretera hacia la frontera.

  4. Menos mal que hay una pequeña rambla cerca de aquí y que la carretera la salva mediante un puente: se ha convertido en el lugar donde ir a aliviar nuestros problemas digestivos, que ya son generalizados.

  5. Los ingleses del camión de bomberos, que llevan una extraña moto en lo alto del camión, han estado haciendo algo de bricolaje durante el anochecer: han recortado las escaleras para construir un soporte que anclar en la parte trasera y con el que transportar la moto sin necesidad de subirla y bajarla a pulso como estaban haciendo hasta ahora. Son unos personajes, que llevan de todo en el camión, pero que perdieron la suspensión trasera y llevan una ballesta cogida con maderas y alambres...

  6. Uno de los australianos se crió de pequeño en Uruguay, y habla castellano con un divertido acento porteño. Ha cenado algo con nosotros.

Viendo que esto se ha llenado de gente y que mañana cruzar la frontera puede ser un follón, hemos decidido llevar las ambulancias frente a la verja de la aduana y aparcarlas allí. Así que Nuria, los Bison Team Chispa de la Vida y Madia Leva, dormirán en los vehículos mientras que los Shere Khan, Pau y yo nos quedamos en las tiendas a seguir pasando frío (pasamos mucho frío anoche a pesar de lo que pega el sol a mediodía) junto a la Kangoo.

¡Mañana sí que cruzamos!




Nuestro campamento de ambulancias en el páramo

El interior del campamento en un momento de relax

Álvaro, Esteban, Jaime, Javi, Pau y un inglés de los que ha llegado hoy observan el rebaño de cabras y al pastor motorizado.

De izquierda a derecha: Jaime, Henry, Pau, servidor, Esteban, Noelia, Fede, Ismael, Álvaro y Nuria.
Abajo: Dave y Javi



Fede, el mejor cocinero del Rally (con el permiso de Nuria) repartiendo a Dave
Fede y Pau recogiendo agua


Esperando junto al fuego a que la cena esté lista.

sábado, 8 de octubre de 2011

DÍA 22: BARNAÚL - TASHANTA

13 de agosto de 2011

1 país: Rusia (acumulados 16)

0 túneles (acumulados 138)

655 km (acumulados 12.990 km)



Necesitábamos volver a internarnos en las montañas. Después de tantas llanuras infinitas, de tantos horizontes alejados, o como mucho atravesar zonas de pequeñas colinas; hoy hemos estado atravesando montañas de verdad. No lo hacíamos desde Irán.

Como mucho no acercamos a ellas en Kazajstán, viendo las cumbres nevadas que nos separaban de Kirguizistán o de China, pero hoy hemos atravesado los Montes Blancos de Altai, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.


No ha sido complicado salir de Barnaúl y llenar el depósito de la ambulancia, a excepción del problema de comprensión con los empleados de las estaciones de servicio de Rusia, que no entienden el concepto “lleno”. Ellos quieren saber una cantidad en rublos para marcarlo en el surtidor o en el ordenador de la caja, si no, no hay manera de conseguir que abran la manguera. Nos ocurrió ayer en Rubtsovsk y hoy de nuevo a la salida de Barnaúl.

Luego, los primeros kilómetros han sido por un pequeño tramo de autovía en la que íbamos con la duda de si nos estaríamos metiendo en la ruta que sube hacia la capital de Siberia: Novosibirsk, al norte. Pero tras preguntar en una gasolinera hemos encontrado la carretera que va hacia el sureste, hacia los montes de Altai y hacia Mongolia.

El sur de Siberia está atravesada por multitud de ríos, tiene grandes bosques y muchos pueblos y ciudades (no se trata de la extensión desierta del norte). Una región agradable de la que hemos visto una pequeña porción en un bonito día de verano.

Lo que no era tan bonito ha sido cuando un coche de policía que venía en sentido contrario, al acercarse hacia nosotros ha ido frenando y en cuanto nos hemos cruzado se ha dado la vuelta para seguirnos. Conducía Pau, que lo ha visto por su retrovisor (yo también me he percatado de que frenaba e iba atento a mi espejo para ver qué hacía). Así que hemos reducido la velocidad a 80 km/h (seguimos sin saber cuál es la velocidad máxima permitida aquí) y en los cruces señalizados bajábamos a 70 ó 60 km/h, aunque indicaciones de velocidad no había en ningún sitio.

Nos han seguido un buen rato hasta que nos han adelantado, y tras otros minutos delante de nosotros, se han cansado y se han vuelto hacia Barnaúl.

Mientras tanto, hemos tenido tiempo de saber que los Chispa de la Vida y el resto de su expedición van 150 km por delante nuestro (han madrugado) y que los Aventoreros van camino de Semey, incluyendo 8 encuentros con la policía kazaja (3 coches llaman tanto la atención como una ambulancia).

Poco a poco, la llanura con cultivos y bosquecillos se ha ido odulando hasta que se ha transformado en valle estrecho y profundo: estábamos en Altai. Una zona turística con ríos, puestos de venta de artesanía, zonas de acampada y rusos bañándose o haciendo deportes acuáticos.




Hemos parado a comer en uno de estos sitios: hamburguesas y perritos calientes (comida tradicional, como el pollo asado de anoche) con vistas al río y música dance machacona (en Rumanía ya descubría que a los eslavos les encanta martirizar durante la hora de la comida con la música de empastillarse a última hora de la noche).







Los baños de esta zona de recreo (he tenido que visitarlos porque empiezo a ir ligero) estaban limpios y, como en toda Europa, custodiados por alguien que los limpia y que en este lugar cobra un peaje por entrar a ensuciar. El precio eran 2 rublos, pero me he hecho el tonto dándole una moneda de 2 kópecs. No ha funcionado.

Después de comer hemos seguido avanzando entre las montañas y hemos parado en otro barecillo con torrente de agua fresca bajando de las montañas para que Nuria, que estaba conduciendo, se hiciera un café. Hemos aprovechado para llenar de agua todas nuestras garrafas (para ducharnos, hervir y lavar platos nos servirá).

Poco a poco, conforme seguíamos río arriba, las poblaciones y los establecimientos turísticos han ido disminuyendo, aunque seguíamos viendo a gente acampada o domingueando (bueno, hoy es sábado) y bastante ganado, que en ocasiones invadía impunemente la carretera.



Prácticamente todos los vehículos que nos cruzábamos eran importados de Japón (con el volante a la derecha (ayer se veían sólo unos pocos) y la población que veíamos cuando bordeábamos algunos de los pocos pueblos que hay por esta zona (ya a más de 500 km de Barnaúl) ha dejado de ser étnicamente rusa para volver a tener rasgos centroasiáticos o incluso mongoles.

Uno de éstos era el policía en una travesía semiurbana nos ha parado. Quizá la velocidad permitida era de 70 km/h y Nuria conducía a 80 ó 90. Y al final de una recta, en un cruce, había un policía joven y rasgos mongoles con su radar de mano haciéndonos la foto. Nos ha ordenado que paráramos. Nuria y yo hemos bajado pero tras decirle “hola”, el amigo nos ha hecho gestos para que siguiéramos: Éste ha sido el único encuentro real que hemos tenido con la temida y corrupta policía de tráfico rusa.

A menos de 200 km de la frontera hemos tomado la precaución de volver a llenar el depósito porque empezamos a adentrarnos en territorio comanche. Estas tierras ya tienen el aspecto de que a parte de los suministros a la poca población que hay por aquí, el único tráfico existente es el movimiento internacional con Mongolia (que tampoco será de una intensidad pasmosa).


Intentando entendernos con la dependienta de la gasolinera para decirle que queríamos llenar el depósito.

Y poco después, con el sol ya bastante bajo, nos hemos encontrado con nuestros amigos de La Chispa de la Vida, acompañados por los equipos Madia Leva (gallegos, en una vieja ambulancia Renault que consiguieron el día anterior de comenzar el Rally), los madrileños Shere Khan en una Kangoo y los ingleses The Bison Team en una ambulancia Iveco. Estaban parados en un pueblo a unos 75 km de la frontera intentando solucionar un problema, al parecer de inyección, o eléctrico, que tenían los Shere Khan.

Ha sido una alegría volver a encontrarse con compañeros de ruta con los que ya hemos compartido dos jornadas, que además van bien acompañados con nuevos efectivos.







Pau y Nuria Álvaro (Chispa de la Vida), Noelia e Ismael (Madia Leva). Esteban arregla la carga en lo alto de su ambulancia.


Tras los intercambios de información y anécdotas de rigor, y una vez que parecía resuelto el problema de los Shere Khan, hemos seguido adelante. Pero a los pocos kilómetros hemos vuelto a parar porque la furgoneta de los madrileños seguía con problemas de potencia y no sabían si se trataba de algo eléctrico relacionado con las bujías o algún contacto con un panel de luces trasero, que también fallaba, o temas de suciedad en los inyectores; porque el neumático con el que habían estado intentando solucionar el problema unos minutos antes no paraba de buscar el filtro de la gasolina de la furgoneta.


La ambulancia de los Madia Leva y el radiador de repuesto de los Chispa de la Vida

Hemos decidido seguir adelante los Madia Leva, nosotros y los The Bison Team, mientras que Shere Khan y Chispa de la Vida volvían al taller a intentar solucionar el fallo. La idea era llegar hasta la frontera para acampar allí o incluso intentar cruzarla esta noche. Y se nos ha hecho de noche, pero antes de llegar a la frontera en Tashanta, los rezagados nos han pillado y hemos avanzado en caravana de cinco vehículos (cuatro de ellos ambulancias) hacia la última población rusa.

La frontera estaba cerradísima: era tarde (la organización del Rally nos había dado un horario de la frontera en la que dice que los fines de semana está abierta, al contrario que años anteriores). Así que nos hemos dado la vuelta, hemos atravesado otra vez el pueblo (sin un alma a la vista) y hemos acampado en un prado a las afueras (mañana por la mañana nos levantaremos temprano para cruzar a Mongolia.

Hemos hecho un corro con los cinco vehículos, en plan caravana de pioneros en el Oeste y entre la comida, butano, utensilios y conocimientos de cocina de unos y otros, hemos hecho la cena para los trece componentes de la expedición.



El rancho para los expedicionarios

Hace mucho frío (estamos a 2.020 m de altitud en mitad del páramo) pero lo hemos combatido con el café licor que traen los Madia Leva; y antes de dormir hemos grabado un trozo del documental que están preparado los Chispa de la Vida para la televisión asturiana: una especie de rueda de prensa con un componente de cada uno de los cinco equipos, resumiendo lo que ha sido el día de hoy y lo que nos espera mañana.



Con el chiringuito montado para comparecer delante de las cámaras.

Ha sido muy divertido, casi todo tomas falsas. Parece que la última parte del viaje con esta gente será muy agradable.

¡Mañana Mongolia!